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Ser de Tierra

18 Noviembre, 2010 - Personajes Tejidos

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La aguja, con su pelo largo de hilo, se sumerge en la tela de diminutos hoyos de un tejido para bordarse en ondulaciones como las de un río sobre la superficie de la tierra. Penetrando por delante y saliendo por detrás, cociendo un dibujo quirúrgico de figuras que sugieren el interior de un cuerpo fragmentado. Los pedazos de este cuerpo se inflan por separado, cada pieza rellenándose en una mezcla de tierra y semillas. De toda esta mezcla se comienza a embutir el cuerpo del muñeco en la capacidad de su propio volumen. Primero se arman las manos y los pies, luego se empatan al torso amarrándose a sus brazos y piernas. La cabeza finalmente lo completa todo en un muñeco alargado y flácido que riego con agua antes de abandonarlo por la noche. Aquí yacerá dormido sobre la tierra, esperando intacto el fenómeno de su pronto renacimiento.

El ritmo acelerado de la ciudad es como un virus de tiempo urbano que se inyecta en el compás sanguinario de sus residentes. Por lo que yo misma me obligo a encontrar, en los sembríos de Valencia, la paciencia diluida de un tiempo regido por las estaciones cíclicas de la naturaleza. Este ritmo tiene en mí el efecto de una vitamina energética. Percibo esta diferencia cada vez que salgo de la ciudad para recorrer los sembríos de Valencia. Son terrenos regidos por los cambios cíclicos de la naturaleza que me invitan a explorarlos. Aquí descubrí un pequeño retazo de tierra rodeado de arados, este espacio me sugirió la cama perfecta para el desarrollo de un experimento similar al de Frankenstein. No obstante, mi propósito en este lugar sería diferente: quería convertir a un ser flácido en un jardín verde con vida. Es un intento de arraigarlo a su propia tierra donde crecerían sus raíces, por lo que adentro le sembré semillas. El paisaje rural de esta zona me recuerda a la pintura La Masía de Joan Miró, donde se refleja la relación mítica del artista con la tierra. Dice Miró: “Raíces en su propio suelo. Raíces en la tierra. Y por tierra yo no me refiero al propio país, en sentido nacionalista. Estoy hablando de la tierra donde árboles, flores y vegetales crecen, estas raíces, sí, deben hacerse, cada día, más profundas.” De la misma manera que mi muñeco se conecta directamente con la tierra echando raíces, perteneciendo al lugar donde se encuentra. Mi intención es regar con agua sus plantas, hasta convertir el territorio de un desierto en un nuevo paraíso de plantas vivas.

La obra tiene un acontecimiento con mi abandono, su crecimiento de plantas germinando, continua al bañarse con el sol y la lluvia. Los pájaros en busca de alimento descosen algunos hilos, dejando caer varias semillas alrededor. En cada regreso al campo desde la ciudad percibo la adaptación de la obra a su entorno y su camuflaje en verde naturaleza. Lentamente y por diferentes partes del cuerpo aparecen pequeños tallos similares a las agujas de las muñecas del Vudú. Creencia que a través de la representación de la realidad como en una magia simpática se obtienen resultados deseados. En este caso el muñeco representa un deseo optimista hacia la tierra volviéndose infinitamente fértil y verde.

 

En Seville, Andalusia, Spain.

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