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Trenza Tejida

1 Diciembre, 2013 - Exposiciones

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Trenza Tejida, parte de un dibujo hecho en casa y trasladado a la Vitrina del Penta7. El dibujo se materializaría en una trenza de colores, que luego se conectaría a una maleta, haciendo alusión al viaje que emprenderíamos la trenza y yo por mi propia ciudad natal. ¿Sería posible emprender un viaje por un barrio del norte de Quito?  ¿Por qué ir tan lejos si hay tanto que descubrir en una cuadra? Prefería pensar así, ya que sabía, no iría muy lejos, pero eso no importaría. Pues no es cuan lejos iría, ni a dónde, sino, cuanto podría descubrir a través del gesto de tejerla por las calles.

 

 

Durante 1o días consecutivos y arbitrarios, me trasladaba por las calles, partiendo de un dibujo empacado en una maleta abierta. Como si hubiera llegado a un destino por  donde emprenderse. Mientras avanzaba lentamente con el tejido de los costales y salía a la calle según su tiempo, observaba como por primera vez, la experiencia de asombro por los detalles que ralentizaban el viaje, sin necesidad de ir lejos, volviéndolo todo extraño, como el dibujo que recorre el roto del pavimento, o el Pichincha fragmentado por los altos edificios y las sombras de los árboles en el suelo compartiéndose con esa trenza blanca. Aquella transformaba las calles como una escultura efímera y a la vez viva. Por el día transcurría un recorrido y por la noche, se enroscaba en forma de montaña dentro de ese espacio que sería mi nuevo taller temporal. De esta manera la trenza creaba una espiral de ir y venir. Que recorre,  regresa y se aleja del punto de partida y al caer la noche vuelve a su origen, y ese ir y venir era como crear una espiral de tiempo en una escultura espacial y efímera. De él salía un proceso de cuestionamientos originados del propio capricho de querer vivir la ciudad de otra manera. Entrometiéndome en la cotidianidad del transeúnte que usa la calle  para ir de un lado al otro, y dejando mi propia cotidianidad del recorrido en carro por las avenidas de asfalto, me permití, con la escusa de la trenza, crear encuentros espontáneos que quizás sin ella, fueran imposibles. Crear comunicación que despertara imaginación y cuestionamientos. Aportando fantasía  al espacio utilitario. Surgían preguntas: ¿Por qué? ¿Para Qué? ¿Qué significa? ¿Hasta Dónde? Inventaba respuestas. Y hacían comentarios como el de mi propia locura. En cambio habían quiénes la compartían diciendo: que si era una lombriz gigante, una serpiente, un cordón umbilical, un cable de luz, hasta alguien salió con que era mi penitencia y no lo niego, pues la trenza tuvo el objetivo curativo de reconciliarme con el tiempo. O mejor aún: ¡La trenza del marido! ¡Imaginábamos su cabeza atrapada entre cuatro paredes! ¡Pobre! También recordábamos a los pueblos y sus trenzas tiradas en el suelo; que sirven para disminuir la velocidad de los indiferentes carros. Cierto era todo, pues los pueblos son siempre una referencia. Mi mas sincero agradecimiento a Fernanda Ponce, al Penta7, por crear este espacio que es un punto de partida. A Juan Francisco Pérez, Belén y su familia, porque el último día se entusiasmaron en llegar a la Liebre con la escusa de un café, pero más bien era la motivación profunda de vivir la ciudad diferente y de apropiarse creativamente del espacio público.

 

En Quito, Pichincha, Ecuador.

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